Perseguidos por OVNIS

A principios de la segunda mitad del siglo XX, los pilotos de la Fuerza Aérea Portuguesa (FAP) reportaron uno de los fenómenos OVNI más emblemáticos. De ahí el pragmatismo que llena las palabras del General José Lemos Ferreira, ex Jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, al admitir extraños fenómenos. ovnis? “¡No puedo creer nada más!.
Todo comenzó la noche del 4 de septiembre de 1957: el entonces capitán Lemos Ferreira comandaba una formación de cuatro aviones F-84G que fue sorprendida por una luz brillante en el horizonte.

General José Lemos Ferreira

El escuadrón de cazabombarderos realizaba el giro inverso del vuelo entre la base de Ota y la ciudad española de Granada. Sólo la luna casi llena los iluminaba. Al sobrevolar Portalegre, vieron un punto luminoso diferente a los cuerpos celestes que conocían. El objeto, centelleante, variaba en color — entre verde y azul; entre amarillos y rojos. “Lo que nos llamó la atención fue que el objeto se expandía y luego volvía a la dimensión inicial. Lo hizo tres o cuatro veces”, dice el general. Preocupados, deciden regresar a la base. Pero, ante el asombro de los pilotos, ya estaban rodeados de objetos similares, de menores dimensiones. Al sobrevolar Coruche, el objeto más grande, que hasta entonces había estado estático en un horizonte lejano, cayó sobre los cazas, que pronto rompieron la formación. Bajo asedio, el escuadrón regresó a la base.
“Ese día me uní a las torres de radar de Montejunto; coincidencia, ¿no? Que Heitor Morais escuchara al Capitán Lemos Ferreira preguntar a los operadores de radar si había registros del OVNI -y los hubo- fue el preludio de una serie de hechos. En el mismo año, con el viento y el frío congelando las almas vivientes en las montañas de Montejunto, dice, desapareció misteriosamente un centinela de la torre: un joven de 19 años, bien formado y protegido por su propio rifle. De la guarida no huía nadie porque todo andaba suelto; Ni siquiera subí porque la vista estaba llena. Pero el soldado desapareció. Llegaron 40 soldados para reforzar la búsqueda en medio de la oscuridad y el monte. Una hora más tarde, 40 metros por debajo de la estación repetidora de TV, allí estaba. Encogido. Blanco. Sin movimiento y con la mano pegada a la escopeta. “Reveló que estaba leyendo cuando vio un auto. Salió de la guarida, escopeta en mano. Luego vio que el vehículo con las dos luces no era un automóvil. Lo único que recuerda después es ver dos ojos amarillos”, dice Morais.
Estos avistamientos de ovnis con seres extraterrestres son llamados encuentros cercanos de tercer grado por quienes creen en ellos, los ufólogos. Según el estudio de la Universidad Fernando Pessoa, en la década de 1940, los extraterrestres eran descritos como figuras o ‘fantasmas’. Una década después se reportan seres con cascos y, en los años 60, con escafandras. A partir de 1975 se describen humanoides.
En agosto de 1960, fue el turno de Heitor Morais de presenciar un fenómeno OVNI clasificado. El cielo estaba despejado. El operador de radar estaba fumando con su colega en los monitores cuando lo llamaron para solucionar un problema. Dentro de la torre de radar, prevalecía la oscuridad. “Escuché un ruido que no olvidaré. Abrimos una puerta enorme y la habitación se inundó de luz. Un objeto brilló y dejó un rastro de algo”. El OVNI se movía a una velocidad vertiginosa: “Teníamos una regla para medir la velocidad; va a 4800 km/h! Incluso estoy temblando; ¿lo que sería?”
RUMORES ENTRE PILOTOS
En los años 60 y 70 solo había rumores entre los pilotos de la FAP que aseguraban haber visto ovnis. Resulta que “muchos no escribieron informes”, explica el Mayor Paulo Gonçalves, de Relaciones Públicas. Treinta años después, son los radares los que primero detectan presencias extrañas en el aire; en lenguaje militar, objetivos (u ‘objetivo’). Y no ovnis. Que sólo en caso de amenaza nacional despeguen aviones F16 para interceptarlos. “Los avistamientos no ocurren muy a menudo, pero cuando suceden, la gente llama, a la FAP [al 214723509]”.
Cualquiera que no caza con depredadores F16, como António Silvério, de 46 años, inventa una forma de mantener a su presa a la vista. El ufólogo fabricó un radar que alerta sobre fenómenos extraños en el cielo de Midões, a siete kilómetros de Tábua. Aquí se ubica el ingenioso dispositivo, plantado entre robles en la Quinta de Cáparos: dos arcos cruzados verticalmente; locador; alarma; máquina fotográfica; y cables extendidos a la computadora de casa, que registra gráficamente los fenómenos. António Silvério defiende que esos radares deberían ‘poblar’ el país y dar cobertura nacional vía internet.
António no quiere perder la oportunidad de volver a ver un OVNI, como el que se le apareció el 15 de julio de 1978 (o 79, no sabe exactamente), el día de su cumpleaños, como si fuera un regalo. “Al principio parecía una estrella fugaz, pero el rastro era naranja y no blanco. Y fue más lento. Dio un ‘destello’ tan intenso que tuve que apartar la mirada. Eran las dos de la mañana, pero fue de día durante 15 segundos, ¡hasta los gallos cantaron!”.

Fragmento extraído de:

Torre de Control de Tráfico Aéreo, BA2 Ota
Página original de ABC perteneciente al archivo PARADIG + XXI de Moisés Garrido y Claudia Moctezuma

Lisboa 26. (Crónica del corresponsal de Efe, exclusiva para A B C.) No, no es broma. (Información autorizada por el general Costa Macedo, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Aéreas portuguesas). Objetos luminosos, no identificados, se lanzaron sobre cuatro reactores lusos, en persecución que duró cuarenta minutos, al mismo tiempo que el Observatorio de Coimbra registraba importantes variaciones en el campo magnético.

Relata el capitán José Lemos Ferreira, tercer alumno de su curso en 1951, poseedor de títulos de instructor de reactores en los Estados Unidos y de vuelos sin visibilidad en Alemania, en 1955, y comandante de la escuadrilla D. A. Z. de la base de Ota y “ala izquierda” del famoso escuadrón de caza “Los Dragones”. relata, digo, que el 4 de septiembre — hasta ahora fue mantenido en secreto el confidencial informe elevado a las autoridades de la Aeronáutica nacional -una es cuadrilla de cuatro aviones de propulsión a chorro “F-84-G”, bajo su mando, fue sorprendida en vuelo por extraños objetos luminosos. Tripulaban los aviones, además del comandante, los pilotos Manuel Carlo Neves, Marcelino Alberto, o Augusto Gomes Covas y Salvador Alberto Oliveira.

Orden de vuelo: Navegación nocturna, a.25.000 pies sobre el triángulo Ota-Granada — Portalegre — Coruche. Bajo luna casi llena, sin nubes, con visibilidad oblicua de 0'8 grados en relación a tierra. Granada surgió en la vertical a las veintiuna y seis, y la escuadrilla. inició su regreso a Portugal, en vuelta de 310 grados, rumbo a Portalegre.

General José Lemos Ferreira

“Cuando faltaban cerca de 60 grados para concluir la vuelta-afirma el capitán Lemos vi ligeramente sobre el horizonte una especie de “fuente luminosa” esférica, con características poco vulgares. Rebasé entonces, lleno de curiosidad, el rumbo de 310 grados, quince grados hacia la izquierda, e incluso me olvidé de ‘marcar el tiempo invertido en la ejecución de la maniobra. Pasados los primeros momentos de sorpresa y de observación, comuniqué por radio el sorprendente hecho a los compañeros, quienes confirmaron su idéntico estupor por aquel espectáculo de que tambien acababan de ser testigos.

Lo que mas nos impresionaba a todos era el extraordinario centelleo y la variación constante de color del “núcleo. central”. desde un verde intenso hasta el amarillo — anaranjado o el verde rojo. Tuvimos la sensación, en los primeros ocho minutos, de que tan extraño objeto se mantenía estacionario con relación a nos un otros. y al intentar. por mi parte, una “mirada con referencia”, si noté ligeras oscilaciones las atribuí en seguida a probables incorrecciones de pilotaje. En diálogo con mis compañeros coincidimos en que se trataba de un avión, de un globo o de una luz desde tierra, aunque rápidamente eliminadas todas esas hipótesis, nos quedamos con una sola: “Aquello” era un astro diferente a cuantos hasta entonces conocíamos.

Cuando nos encontrábamos en las proximidades de Córdoba, alrededor de las veintiuna dieciocho, registramos otra variación, pues el objeto se alejaba o acercaba, sin alterar, sin embargo, la misma relación angular. Aquella sensación de movimiento era causada por la desaparición repentina de todo parpadeo, al mismo tiempo que disminuían las dimensiones del núcleo, en desaparición casi completa, con pérdida de colorido, y entonces el objeto se convertía en pequeño punto luminoso perdido en el horizonte, pero siempre sobre éste. Las variaciones luminosas podían ser producidas por desplazamientos a velocidad inimaginable, o ser tan sólo rápidas modificaciones de la “fuente luminosa”. Estos fenómenos no tenían periodicidad, a pesar de su frecuencia.

De Córdoba, a Portalegre, el hecho se mantuvo sin alteración, y alrededor de las veintiuna treinta y ocho, a quince millas al Sudeste de aquella ciudad portuguesa, el objeto comenzó a perder centelleo. La escuadrilla puso rumbo de cincuenta grados hacia la izquierda, con, dirección a Coruche, y el fenómeno, que había decaído ligeramente a retaguardia de nuestros aviones, se mantuvo en la misma posición. Se modificaba gradualmente a medida que nos aproximábamos a Coruche y adoptaba una forma oval de mayores dimensiones y sin el menor centelleo. Nos dio entonces la sensación de estar mucho más próximo a nosotros y de descenso bajo el horizonte.

Volábamos entre Souset y Fronteira, cuando salió del objeto luminoso que nos seguía desde España — algo así como un objeto incandescente rojo y verde, un pequeño círculo, también luminoso y sin centelleos, y que se apartó en elevación rápida. Poco después vimos otro circule luminoso, a menor altitud y mas apartado de la “fuente oval”. Un minuto después se desprendían dos nuevos círculos con el mismo color rojizo. En apariencia este conjunto de círculos se encontraba cerca y unos millares de pies por debajo de nosotros. Se movían como centellas y presentaban modificaciones con relación a las posiciones entre sí y frente al fenómeno incandescente.

No cabe fijar sus dimensiones, a no ser por comparación entre los propios círculos. El oval era diez veces mayor, por lo menos, que cualquiera de los círculos-satélites.

Cuando volábamos a 25.000 pies, a siete u ocho millas al norte de Coruche, siempre sin quitar la vista de nuestros extraños “compañeros” y en actitud pasiva, como la de un peatón ante un automóvil en campo abierto, el objeto oval ejecutó de repente un rapidísimo “picado”, seguido de una ascensión veloz y desplazamiento hacia nuestra escuadrilla-en compañía de los cuatro círculos-satélites-, cruzó por debajo y por detrás de nosotros, de izquierda a derecha. La sorpresa nos produjo cierta confusión, y el número 4 de nuestra escuadrilla rebasó al número 3, que, a su vez, además de inclinarse a la derecha, me llamó dos o tres veces por radio. Durante veinte a veinticinco segundos, me vi forzado a ordenar silencio, y cuando nuestra formación recobró su vuelo normal, los fantásticos “compañeros” habían desaparecido como por en canto. A las 22,05 aterrizábamos en Ota”.

El piloto José Lemos Ferreira y compañeros de la patrulla “Dragoes” de Portugal.

Como complemento de este informe, extraído del Secretariado de la Defensa Nacional y de otras declaraciones hechas por el comandante Lemos al “Diario Ilustrado”, se sabe que el 4 de septiembre. hacia las 21,15, y cuando el teniente Alvaro Pereira Monteiro Vicente asistía en Ota al vuelo nocturno, surgió a Oriente de la faja de aterrizaje una intensa luz azul, con diámetro de veinte centímetros, que se desplazaba en el sentido de la vertical de arriba hacia abajo, para desaparecer a cuarenta metros de tierra, hecho, que el teniente Pereira comunicó a varios compañeros, antes del aterrizaje de los cuatro aviones. La conversación sostenida por los cuatro pilotos en el trayecto de Granada — Ota fue escucha da por el A. T. C. de Lisboa y por tres oficiales de la B. A. 2 de Ota, que volaban en esos momentos. He aquí el diálogo captado por el capitán Almeida Santos:

— ¿Está, mi capitán?

— Estoy.

— ¿Me ve?

— Se lanzan sobre nosotros… Silencio.

— ¿Está, está?

— Silencio. Se aproximan a nuestras colas.

Fragmento del informe firmado por los cuatro pilotos, testigos de la observación OVNI.

L. MENDEZ DOMINGUEZ. ABC SEVILLA Miercoles 27/11/1957

Recorte de prensa sobre este suceso publicado por ABC Extraído de la Hemeroteca para su correcta transcripción Archivo @galanvazquez
El General José Lemos Ferreira relatando su observación OVNI en Televisión
ENCONTROS IMEDIATOS — OVNIS CASO LEMOS FERREIRA DOCUMENTAL

Un caso similar protagonizado por pilotos españoles

Perseguidores y perseguidos

4 de noviembre de 1970. Base aérea de Zaragoza. Son las 11.00 horas de la mañana: la hora señalada para la operación Ojo Rojo, una serie de maniobras militares que realizaban conjuntamente las Fuerzas Aéreas españolas y el Ejército de Estados Unidos. El ejercicio consistía en situar sobre unas coordenadas del espacio aéreo la ubicación de un enemigo ficticio hacia el cual debían dirigirse los cazas. El objetivo de la simulación era conocer la capacidad de respuesta ante un hipotético enfrentamiento bélico en el aire. La operación se dirigía desde el radar de Calatayud (Zaragoza), también conocido con el sobrenombre de Siesta. El misterio llegó cuando uno de los cazas se aproximó al enemigo invisible…

De la base aérea de Zaragoza despegaron dos cazas F-86. Los pilotaban los capitanes Juan Alfonso Sáez-Benito y Luis Carvayo. Pocos minutos después, desde Calatayud indicaron a los pilotos que debían dirigirse hacia el mar Cantábrico. El lugar señalado desde Siesta estaba ubicado a unos ochenta kilómetros al norte de Gijón. Hacia allí se encaminaron. Sin embargo, en ese instante los planes cambiaron. Y es que en las pantallas del Escuadrón de vigilancia Aérea (EVA) apareció un auténtico eco no identificado. No se trataba de nada ficticio. En aquel momento, los controladores decidieron enviar a los F-86 hacia ese punto. Entonces los pilotos aún creían que todo formaba parte del ejercicio de simulación, pero ya no era así: la amenaza se había convertido en real…

Unos minutos después, los pilotos alcanzaron el punto señalado. El eco no identificado se encontraba a 8.000 metros de altitud y aproximadamente a unos 1.000 metros por encima de donde estaban los cazas. Los pilotos no observaron nada en un primer momento, pero los operadores insistieron, al tiempo que repetían una y otra vez que aquello ya no era un ejercicio ficticio. Tanto a Sáez-Benito como a Carvayo les costó creerlo. Además, no veían por ninguna parte al intruso.

Tras varias vueltas y revueltas, el combustible de los cazas comenzó a escasear y se inició el proceso de retorno a Zaragoza. Lo que sucedió a continuación explica por qué el expediente del caso sigue siendo secreto casi cuarenta años después…

Los F-86 iniciaron la maniobra de retorno, pero en Siesta la inquietud fue en aumento, puesto que el no identificado no sólo seguía allí, sino que de acuerdo con lo que señalaban las pantallas, el eco se situó a unos tres mil metros por detrás de los cazas. Parecía seguir a los aviones de combate españoles. Sin embargo, surgido a la vista de los militares, pero sería por poco tiempo, puesto que aparecería justo cuando apenas les faltaban cien kilómetros para enfilar la pista de aterrizaje de la base aérea.

El primero en ver algo extraño fue Juan Alfonso Sáez-Benito, quien, paradójicamente, años después llegó a ser jefe de la base de Zaragoza. Se trataba, en principio, de un reflejo a la izquierda del avión.

Ambos pilotos decidieron averiguar qué era aquello.

Variaron su ruta y se dirigieron hacia aquel destello que también aparecía en el radar. Quedaron atónitos. Cuando se acercaron al objeto pudieron ver perfectamente la forma. Era un artefacto ovoidal, de aspecto metálico. Sobre la parte superior se divisaba una especie de plataforma o tejadillo rectangular. Jamás habían visto algo semejante. Sin lugar a dudas era un objeto sólido, manufacturado. Una auténtica nave. Sin embargo, por su forma no respondía a principio aeronáutico alguno…

Los pilotos intentaron situarse frente al artefacto, pero les fue imposible. Cada vez que lo intentaban, aquel objeto no identificado evitaba el morro de los cazas: ascendía, disminuía la velocidad y se colocaba detrás de los F-86. En términos aeronáuticos, la maniobra que realizaba es conocida como “una percha”, una táctica de combate que sólo los ases de la aviación saben realizar con precisión. El problema — y menudo problema — es que algún tipo de inteligencia debía manejar aquel objeto, que, por si fuera poco, no tenía la forma adecuada para realizar tales operaciones.

Absurdo…

Pero real.

La escena se repitió en varias ocasiones. Según declararon los pilotos, el no identificado efectuaba aquellas maniobras con total limpieza y a una velocidad inconcebible.

Ya muy cerca de la pista de aterrizaje, el OVNI se situó de nuevo detrás de los aviones. Esta última parte de la observación duró apenas unos instantes: todo acabó cuando el objeto se catapultó hacia la vertical a una velocidad inconcebible.

Tras aquello, desapareció también de las pantallas de radar. Cuando tomaron tierra, a los pilotos, que permanecieron lívidos durante horas, se les exigió silencio, aunque de sus recuerdos jamás desapareció la escena que habían vivido. Estaban convencidos de que aquel artefacto no era de aquí. El expediente oficial del caso no ha visto la luz y permanece archivado.

Caso extraído de la web: http://tejiendoelmundo.wordpress.com/

Listado de expedientes OVNI desclasificados:

https://bibliotecavirtual.defensa.gob.es/BVMDefensa/exp_ovni/es/consulta/indice_campo.do?campo=idtitulo

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Painter, Graphic Designer, Seville Spain, Member of the Center for Interplanetary Studies of Barcelona. Research Correspondent at UFO-SVERIGE

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Galán Vázquez

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